jueves, 17 de octubre de 2013

UN CUENTO DE SUSPENSO

Don Panchito observaba el campo santo, de la misma forma que un campesino mira su sembrado.  Efectivamente, él había "sembrado" todo el cementerio ya que era el único sepulturero del pueblo. Otro día llegaba a su fin, anochecía y una fuerte ráfaga pasaba silbando entre las tumbas; fue en ese mismo momento, que el viejo Panchito creyó oir algo...



...Volteó su cabeza buscando de donde provenía el extraño ruido, miró hacia una tumba que había "sembrado" hace solo una semana y notó que algo se movía ahí.
¡Santo cielos! ¡Hay una mujer viva!... Como tenía la pala entre sus manos, excavó con afán para poder romper el ataúd y rescatar a la mujer...





...Hizo palanca con la pala y la tapa del ataúd se abrió con un largo sonido tétrico. Ya había oscurecido por completo, pero Panchito alcanzó a ver que un cuerpo se levantaba hasta quedar sentado y emitiendo un extraño ruido. Él sabía que era una persona viva pero no esperaba oir ese tipo de sonido tan gutural, por lo que se asustó bastante. Luego, ya calmado, se inclinó para ver quien era y distinguió que era la mujer que había sepultado hace una semana atrás. La mujer dejó de gritar y miró el ataúd en que estaba, y luego miró al sepulturero. ¡Hambre!, dijo la mujer tras balbucear algo incomprensible. ¡Ah! Tiene hambre, es lógico, después de estar una semana enterrada. Le extrañó que se mantuviera viva tantos días, pero quién era él para dudar de un milagro. La ayudó a salir y la llevó a su casa ubicada dentro del cementerio. La mujer solo repetía que tenía hambre, aunque cada vez se le entendía menos...

...Cuando entraron al hogar, el viejo encendió la chimenea para darle un poco de calor a la mujer y le ofreció algo de comer, por una extraña razón la mujer hizo un gesto de asco cuando vio la comida servida. Ella se notaba muy mal fisicamente, si no fuera porque estaba de pie frente a él, hubiese jurado que estaba muerta y en descomposición. Panchito le hizo tomar asiento mientras él iba al pueblo en busca del Dr. Brown. Antes de ir a buscar al Doctor, miró a la mujer y se le vino la palabra milagro a la mente. Le dijo que regresaba enseguida. Y partió...

...El camino que llevaba a la casa del Doctor era algo espeluznante, estaba todo oscuro, no había ninguna estrella que alumbrara, la noche estaba completamente nublada. Cuando llegó al pueblo buscó la casa del Dr. Brown. Estaba ubicada en una avenida principal, iluminada con faroles y aún se veía a gente pasear a esas horas de la noche. Ya en la casa del médico. Atravesó un jardín ensombrecido y tocó la puerta. Escuchó los pasos de alguien y unas voces. Al abrirse la puerta alguien le puso un farol ante la cara. ¿Qué quiere?, le preguntó una voz grave y algo ronca. ¡Buenas noches! Soy Pancho, el sepulturero. Quiero hablar con el Doctor. Desde adentro se escuchó una voz: ¿Quién es Williams?. Es el sepulturero, quiere hablar con usted, le contestó el hombre del farol. Dile que pase, dijo Brown e hizo un gesto invitándole a pasar. El doctor estaba frente a la chimenea, tenía un libro en sus manos. Era un hombre ancho, de largas patillas y algo calvo. Un candelabro iluminaba desde lo alto de la habitación. Acérquese hombre, ¿qué quería decirme?. Pues verá usted Doctor, en el cementerio revivió una muerta, está en mi casa. El médico lo miró algo incrédulo, dejó el libro sobre su pierna y se sacó los lentes. Que yo sepa hoy no hubo ningún velorio ¿Estoy en lo cierto?
Así es Doctor, afirmó Don Pancho.
¡Entonces está hablando de un cadáver que ya fue enterrado?
Sí señor.
Panchito, cuando un cuerpo comienza a corromperse, se pueden producir ciertos movimientos o sonidos, pero ello no implica que esté vivo, dijo el Dr.
Pues este sí está vivo, porque anda caminando, y hasta habló. 
El médico quedó sorprendido, se levantó y le ordenó a Williams: "Engancha el caballo en el carruaje, ¡de prisa Williams! Hay una vida en peligro".

En la parte delantera del carruaje Panchito sostenía un farol, el doctor manejaba las riendas. El carruaje se abrió paso entre las tinieblas de la noche y paró frente a la entrada del cementerio. La leña de la chimenea se había consumido por completo, al igual que una de las velas. Panchito paseó el farol por la habitación. ¿En dónde está? ¡Ah! Ahí esta Doctor, en el rincón...



...La mujer estaba arrodillada, con la espalda encorvada, de frente a la pared. ¡Señora! Soy el Doctor Brown ¡Señora! Cuando la mujer se volvió, él retrocedió espantado. La mujer se había comido una rata, tenía la boca ensangrentada, y los restos del animal estaban en el suelo. Los dos quedaron mudos, se miraban entre si, para después volver a observarla estupefactos. Brown pensó que estaría trastornada, que el entierro la había enloquecido, pero aún así era una paciente. 
D:Panchito, traiga un paño para limpiarle la cara. Después agregue más leña a la chimenea. P:Me dijo que tenía hambre, pero no quiso lo que le ofrecí, no creí que tuviera tanta… 
D:Sí, ahora traiga el paño… y agregue leña. Siéntese aquí señora, eso es, tranquila. 
Comenzó tomándole el pulso. Arrimó el farol y lo intentó de nuevo; no se lo encontraba. Intentó con el otro brazo, nada. Palpó el cuello, le puso un espejo frente a la boca. El doctor llamó al viejo Panchito con un gesto de la mano, y retirados de la mujer hablaron:
P:¿Cómo está?
D:Está muerta. Estoy seguro de ello.
P:Entonces…¿Es un fantasma? 
D:¡Claro que no hombre! Es de carne y hueso. He leído sobre vampiros, seres de ultratumba. 
P:¡Dios mío! ¿Usted cree que es un vampiro? - preguntó Panchito, y se santiguó. 
D:No sé, no soy experto en esas cosas, pero como médico le aseguro que esa mujer está muerta.
P:¿Y qué hacemos? 
D:Primero vamos a atarla a la silla. Mientras la examinaba vio como se relamía. Yo la distraigo y usted la ata por detrás, después veremos.
Brown, se acercó con cautela y tomó el farol. Balanceándolo de un lado al otro distrajo a la muerta, que con la boca abierta seguía los movimientos de la luz mientras gemía. Panchito la enlazó a la silla, la muerta quedó con los brazos contra el cuerpo. Cuando la amarraron bien, el doctor pasó a realizarle otros exámenes. Le hizo varios cortes. No demostraba dolor ni sangraba. 
D:¡Increíble! A pesar de estar muerta aún se mueve. Usted me dijo que le habló.
P:Así es doctor. 
D:Pues ahora no demuestra esa capacidad, que curioso. Tal vez se va deteriorando. 
El doctor Brown puso el semblante serio.
D:Bien, ahora sólo queda terminar con esta aberración de la naturaleza. Tráigame un serrucho Panchito. 
P:¿La va a matar? ¿Usted cree que deberíamos….? 
D:¡Panchito! Sea sensato, ¿Qué otra cosa podemos hacer? ¿Entregar este monstruo a su familia y que los devore como a esa rata?
P:Tiene usted razón. Voy por el serrucho. Al volver preguntó: ¿Cómo lo vamos a hacer?
D:Lo haré yo, dijo el Dr., le voy a cortar la cabeza, dicho esto procedió a hacerlo.
Atada en la silla, la muerta se resistía sacudiendo la cabeza.
D:¡Tómela de los pelos Panchito! ¡Agárrela fuerte! Ya casi termino.
El cuerpo quedó quieto, mas la cabeza abría y cerraba la boca, y giraba los ojos. 
¡Por Dios! exclamó el sepulturero, santiguándose nuevamente.
Tal parece que hay que destruir el cerebro, observó Brown. Arrojémosla al fuego. 
En las llamas, la cabeza seguía moviendo la boca, pero tras arder un rato se convirtio
en una masa calcinada, y se incendió completamente. Estaban tan concentrados en las llamas, que no escucharon los ruidos que venían desde afuera.

Toda una multitud se acercaba a la casa, atraídos por la luz que escapaba por la ventana. Los dos seguían mirando el fuego de la chimenea cuando golpearon la puerta y la ventana. Panchito y Brown se miraron horrorizados, afuera estaba lleno de muertos y todos comenzaron a gritar: ¡Hambre! ¡Hambre!